A poco más de dos horas en automóvil desde el Aeropuerto Internacional de Puerto Vallarta, se encuentra la Laguna de Santa María del Oro, un espejo natural rodeado de vegetación y elevaciones volcánicas.

Su particular geografía es resultado de una depresión formada por el colapso de una estructura volcánica, dando origen a un cuerpo de agua dulce de gran profundidad (de acuerdo con documentos oficiales del municipio de Santa María del Oro, Nayarit, alcanza alrededor de 60 metros en su punto máximo).

Uno de sus rasgos más singulares es la transformación de sus tonalidades a lo largo del año. Sus aguas pueden pasar del azul al verde e incluso adquirir matices turquesa, un fenómeno asociado con su composición mineral y alcalinidad. Esta característica le ha valido también el nombre de “Laguna Encantada”.

Pero el atractivo de Santa María del Oro no termina en su paisaje. Durante generaciones, los misterios de sus aguas han alimentado distintas narraciones populares. Una de las más difundidas cuenta la historia de Tepozilama y Pintontli, dos jóvenes cuyo amor estaba prohibido por la rivalidad entre sus pueblos. Según la leyenda, tras ser separados y condenados a permanecer atados, sus lágrimas dieron origen a la laguna. Esta historia forma parte de una tradición oral que también reúne relatos sobre una princesa, un dragón y una iglesia.

El propio nombre del lugar guarda una relación con su pasado minero. Documentos históricos municipales señalan que Santa María del Oro recibió esta denominación debido a la existencia de minas de oro en sus alrededores, explotadas desde la época colonial.

Hoy, el paisaje invita a disfrutar de sus aguas y recorrer sus alrededores con calma. A la orilla, los restaurantes locales complementan la visita con especialidades como el tradicional Chicharrón de Pescado, mientras la laguna conserva esa combinación de naturaleza, historia y misterio que la distingue dentro de las escapadas desde Puerto Vallarta.