Uno de los grandes atractivos de Puerto Vallarta y Riviera Nayarit es la Bahía de Banderas, un escenario de dimensiones excepcionales. Se trata de la bahía más grande y profunda de México, la segunda más extensa de América del Norte y la séptima a nivel mundial. Sus 100 kilómetros de costa y 42 kilómetros de apertura forman un paisaje donde mar y montaña conviven con una riqueza natural que también se manifiesta en sus formaciones rocosas.
Una de estas formaciones son Los Arcos de Mismaloya, un conjunto de islas que emergieron del fondo marino hace aproximadamente 70 millones de años. Con el paso de largos períodos de erosión, el agua las fue separando hasta dar origen a este pequeño archipiélago de cinco islas.

Los Arcos de Mismaloya.
Entre ellas destaca una que ha despertado la imaginación de quienes recorren estas formaciones de granito ubicadas frente a Mismaloya: La Roca del Diablo, también conocida como La Sombra del Diablo. Esta isla recibe su nombre de una característica mancha oscura que destaca sobre uno de sus perfiles y que es el origen de una historia que, como ocurre con muchos sitios naturales, se mueve entre la tradición y la explicación científica.
La leyenda cuenta que, hace alrededor de 30 años, una adolescente de Yelapa decidió acudir a una fiesta en Puerto Vallarta a pesar de la negativa de su madre. Para llegar, abordó un taxi acuático y comenzó el trayecto. En el camino, una tormenta obligó al capitán a buscar refugio en la zona protegida de Los Arcos. Según el relato, debido a la desobediencia de la chica, se apareció el diablo en el aire y un relámpago proyectó su sombra sobre la roca, dejando esa marca oscura.

La Roca del Diablo.
Sin embargo, la explicación científica ofrece otra lectura: un rayo habría impactado el granito del arco y penetrado por una grieta, provocando la expansión de los cristales de silicio y ocasionando el desprendimiento de una parte de la formación. La intensa temperatura del rayo habría fundido esos cristales hasta convertirlos en vidrio, dando origen a la característica mancha negra.
Así, entre granito, mar abierto y relatos transmitidos con el paso del tiempo, La Roca del Diablo permanece como uno de los detalles más intrigantes de Los Arcos de Mismaloya: un paisaje donde la naturaleza puede ser, al mismo tiempo, escenario, memoria y misterio.



